Castrillo de la Vega: 70 años rescatando el vino bajo tierra

Hay historias del vino que empiezan con un apellido. La de San Roque de la Encina empieza con un grupo de vecinos que decidió organizarse.

En 1956, los viticultores de Castrillo de la Vega, en Burgos, unieron fuerzas para elaborar en mejores condiciones, compartir costes y vender juntos. La viña ya estaba allí. También el conocimiento de quienes la trabajaban y las bodegas donde se hacía vino. La cooperativa dio a ese trabajo una estructura común.

Un estudio promovido por el Ayuntamiento documentó nada menos que 166 bodegas y 37 lagares de viga, incluidos algunos desaparecidos. El conjunto conserva cerca de 2,6 kilómetros de galerías accesibles, distribuidas en cuatro niveles.

Son espacios abiertos a pico y pala, con construcciones que se remontan al siglo XVI y que tuvieron su mayor desarrollo en el XVIII. En un antiguo lagar permanece una inscripción de 1691.

Estas bodegas guardaban el vino y una parte de la economía familiar. Algunas han seguido siendo lugares de encuentro alrededor de la mesa.

Ese pasado ayuda a entender el significado de la cooperativa: cuando los vecinos se organizaron en 1956, llevaban generaciones cultivando viñas y elaborando vino. Compartir instalaciones y comercialización dio continuidad a una actividad profundamente ligada al pueblo.

Setenta años después, sus vinos permiten recorrer aquella decisión y preguntarse qué puede construir un pueblo cuando pone en común una parte de sus recursos.

Lugares que merecen un desvío

Este viaje se detiene en la Ribera del Duero burgalesa, en un paisaje que conviene mirar parcela a parcela. Monte Pinadillo toma su nombre de una loma al este de Castrillo de la Vega. La bodega sitúa allí los primeros viñedos del pueblo y algunos de los más singulares que todavía trabaja.

El nombre nos lleva al campo. Pero para entender esta historia también hay que mirar bajo tierra: a las bodegas excavadas, los lagares y las galerías que recuerdan cuánto tiempo lleva Castrillo haciendo vino.

El viñedo con el que trabaja San Roque de la Encina se sitúa entre los 800 y los 880 metros de altitud, donde nacen los grandes riberas con nombre Predominan los suelos arcillosos, junto a parcelas de terrenos pedregosos, arenosos y calcáreos. Tempranillo, Garnacha Tinta y Albillo Mayor forman parte de ese patrimonio.

Son diferencias que amplían las posibilidades de la bodega: seleccionar uvas para distintas elaboraciones, trabajar las variedades por separado o detenerse en un lugar que merece su propio vino.

Ahí está una de las riquezas de este viaje. En entender que esas hectáreas forman un conjunto de viñas con características diferentes.

Las personas detrás del vino

Una cooperativa es también una respuesta a problemas muy concretos. Cuando nació la cooperativa San Roque de la Encina, en 1956, recogió una tradición que los vecinos llevaban generaciones practicando. Elaborar y vender juntos dio una nueva estructura a ese trabajo.

Es un trabajo a muchas manos: compartir instalaciones. Reunir cosechas. Organizar la elaboración. Buscar compradores. Dar salida al trabajo de los socios. Pero es el papel de una cooperativa como motor local: conectar la actividad de muchos viticultores con un proyecto capaz de transformar sus uvas y llevarlas al mercado.

La historia de San Roque de la Encina atraviesa generaciones de familias vinculadas al campo. Su continuidad conserva una relación entre las viñas, quienes las trabajan y el pueblo al que pertenecen.

De Pétrus a las viñas de Castrillo

Al frente de la enología está Luciana Calvo, cuya trayectoria lleva a esta cooperativa una experiencia internacional poco conocida. Se formó en la Facultad de Enología de Burdeos y trabajó en Pétrus, uno de los grandes referentes del vino mundial, de la mano de Jean-Claude Berrouet. Después continuó su formación en Nueva Zelanda. A su regreso, trabajó en bodegas de Toro, Rueda y Ribera del Duero, hasta incorporarse como enóloga principal de San Roque de la Encina en 2008.

Ese recorrido aporta otra dimensión a Monte Pinadillo: una mujer enóloga que ha conocido distintas formas de cultivar y elaborar, incluida la de uno de los vinos más prestigiosos de Burdeos, trabajando con el patrimonio de los viticultores de Castrillo.

El catálogo de su marca Monte Pinadillo desde 1987 ayuda a entender lo que permite ese patrimonio: Su blanco de Albillo Mayor procede de una única parcela de esta variedad. El rosado de lágrima mantiene una conexión con la historia elaboradora de la bodega y fermenta en depósitos subterráneos de hormigón.

El Notera pone el foco en un paraje de Castrillo de la Vega, el tinto más comercial y expresivo. Otros tienen memoria como los prefixoléricos de parcela: un patrimonio vitícola conservado y trabajado con atención. La edad de una cepa, por sí sola, no garantiza un gran vino. Su interés está también en su estado, su adaptación al lugar, el cultivo y las decisiones de elaboración.

La mirada del catador

El Notera 2023 es el vino elegido para este viaje: Un tempranillo de paraje, vendimiado a mano, con fermentación espontánea mediante levaduras autóctonas y una crianza de al menos nueve meses en roble francés.

Su nombre nos lleva a un lugar concreto dentro del paisaje de Castrillo de la Vega. Eso me interesa especialmente: una bodega colectiva capaz de detenerse en la singularidad de una viña.

Trabajar juntos permite reunir recursos. Reconocer las diferencias del viñedo permite darles destinos distintos. El Notera cuenta cómo pueden convivir ambas cosas dentro de una misma cooperativa.

Lo que me llevo

Me llevo una manera de entender el valor de estas bodegas. Su aportación está en el vino que elaboran y en la actividad que hacen posible alrededor: viticultores que tienen dónde llevar su uva, instalaciones compartidas y una estructura para comercializar el resultado.

También me llevo una idea sobre la conservación del viñedo. Su continuidad necesita trabajo y compradores. Necesita que alguien encuentre valor en esas uvas y razones para seguir cuidándolas.

El Notera nos permite acercarnos a una de esas razones. Una botella con un origen concreto, dentro de una historia que muchas personas han construido juntas.

Me pregunto ¿cuántos vinos distintos caben en el patrimonio de un pueblo con semejante diversidad?

 

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