Manilva: La moscatel que casi roza el mar

Kalma 2025 Blanco

Bodegas Manilva. Manilva (DO Sierras de Málaga)

Y no una viña cualquiera.

Aquí la Moscatel de Alejandría forma parte del paisaje desde hace generaciones. Durante décadas se destinó sobre todo a uva fresca y a pasa, y buena parte del viñedo fue desapareciendo a medida que avanzaba la construcción. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico documenta esa pérdida de superficie y reconoce la viticultura de Moscatel como parte del patrimonio cultural de la zona.

Hoy la Moscatel sigue siendo la gran variedad de Manilva y forma parte de la D.O. Sierras de Málaga (donde se integran blancos y tintos secos. Pero aquí hay una paradoja: el paisaje es vitícola, aunque no siempre se haya contado como territorio de vino.

Lugares que merecen un desvío

Hay que apartarse un poco de la costa para encontrar la otra Manilva: Lomas de albariza. Viñas viejas. Un paisaje que mira al Mediterráneo mientras intenta no desaparecer.

Mantenerlo no es sencillo. La mano de obra es cara. Las pequeñas bodegas tienen poca capacidad. Y vender tampoco resulta fácil: muchas veces la hostelería local busca precio antes que territorio.

Elena Revilla, la mujer de Diego Amado, que mantiene la parcela de su abuelo por convicción, me lo resume sin demasiados adornos: lo más difícil no es solo hacer el vino. Es conseguir que alguien apueste por él.

Las personas detrás del vino

Bodegas Manilva nació como un proyecto pequeño, familiar y poco convencional. Diego y Elena forman parte de una iniciativa que trabaja con un único viñedo de unas seis hectáreas, ligado a la familia y a una memoria agrícola que pasa de padres y tíos a la siguiente generación. Su producción es limitada: 3.000 botellas y basada casi en exclusiva a agasajar al turismo extranjero que tanto valora el producto local.

Aquí no hay grandes departamentos. Hay personas haciendo muchas cosas a la vez. Y eso también se nota en el vino.

La mirada del catador

Kalma es un moscatel de Alejandría con efluvios de marisma. Es un vino seco y este detalle cambia completamente la conversación.

La moscatel de Manilva es intensamente aromática: flores blancas, azahar, jazmín, piel de naranja, melocotón y una sensación muy limpia y fragante. Un perfil que muchos asociamos de inmediato al vino dulce, pero que aquí aparece en otra clave.

Kalma toma esa misma identidad aromática y la lleva hacia un blanco seco, fresco y mediterráneo. No es exactamente un mountain wine en el sentido clásico malagueño: Manilva está más cerca del mar, en lomas bajas como Pampanito, y no en los viñedos escarpados de montaña asociados históricamente a la Axarquía.

Y quizá ahí esté precisamente su interés. No intenta imitar otro paisaje. Cuenta el suyo.

Un moscatel costero, luminoso y directo, que demuestra que una variedad muy conocida todavía puede decir cosas nuevas.

Que no sea un secreto solo para quien viene de fuera

Hay una paradoja que Elena repite varias veces: muchas veces el visitante extranjero valora antes estos vinos que quien los tiene a pocos kilómetros.

Quizá porque viene predispuesto a descubrir.
Quizá porque pregunta.
Quizá porque busca algo que sepa al lugar en el que está. De acuerdo, Kalma no es un vino barato.Y tampoco pretende serlo.

Detrás hay unas pocas hectáreas de viña, trabajo manual, una producción de apenas 3.000 botellas y una forma de hacer vino donde casi todo cuesta más: la mano de obra, el cuidado de las cepas, la vendimia, el embotellado y, finalmente, conseguir que esa botella encuentre su sitio en una mesa. Claro, la artesanía tiene un precio y mantener viva una viña pequeña también.

Por eso Kalma debería entrar en nuestras casas no por patriotismo, sino porque ayuda a sostener un paisaje, una variedad y una manera de trabajar que no pueden competir solo por precio.

Lo que me llevo

A veces pagar un poco más no es pagar por una botella.
Es pagar para que ciertas cosas sigan existiendo.

Eso es lo que me llevo del pueblo de Manilva: Que detrás de una botella no solo hay una variedad, una añada o una elaboración.

Hay paisaje. Hay memoria. Hay una pequeña empresa. Hay un sueño.

Y hay una decisión bastante sencilla y bastante difícil: Seguir, y que no hay relevo generacional en sus hijos, porque todo lo que hace esta familia es hacer dar oportunidades: a la viña antigua, a sus hijos.

Y aprendí algo valioso. Que una viña no sobrevive por nostalgia. Sobrevive cuando sigue teniendo sentido.

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